jueves, 20 de octubre de 2011

decires titulados SER




decires
Titulados Ser
Y reza así:
“Todos lo decían, todos!
es libre como el viento,
sin imaginar que tenía
dos grandes secretos
guardados en su silencio.
Y el silencio mismo
los ha revelado;
El primero, es:
el viento no es libre,
es prisionero de sí mismo
y de su propio impulso,
que lo mece, lo hamaca,
lo agita , lo aquieta,
lo convierte en ráfaga, en ciclón
o en calma brisa.
Y el segundo:
se es como el viento
cuando se piensa
para ser!”

(¡Gracias María del Carmen!)

Acacia






(Las fotos fueron tomadas durante un viaje con el Coro Kennedy a Darragheira, al sur de la Provincia de Buenos Aires).

lunes, 8 de agosto de 2011

Los Partidos Politicos según Maurice Duverger-

Duverger elabora una tipología sistemática estudiando los partidos desde la perspectiva de su organización interna (atendiendo a su estructura) y desde la de su organización externa (atendiendo a las relaciones entre los partidos que existen en una misma nación). Con respecto a la estructura interna de los partidos, dicho autor distingue entre partidos de cuadros y partidos de masa. Ejemplos de partidos de cuadro son, en Europa: los actuales partidos liberales, conservadores y radicales; y en EE. UU. el partido demócrata y el republicano. En los partidos de cuadros la participación del adherente o miembro es muy pequeña y su cantidad reducida. «La cualidad de sus miembros importa más que su cantidad; se busca sobre todo el prestigio que confiere autoridad moral, o la fortuna con la que se cubren los gastos de propaganda» (Introduction á la politique, 185). De organización débil y autonomía amplia, y agrupados sus miembros en circunscripciones locales, puede decirse que los partidos de cuadros agotan sus funciones en las estrictamente electorales y parlamentarias. Los partidos de masas implican, en cambio, una participación popular amplia y efectiva y no responden sólo a exigencias electorales (financiamiento de campañas a líderes no ricos, etc.). Duverger incluye bajo la rúbrica de partidos de masas a los partidos de tipo socialista, comunista y fascista, y asimismo, con matices, a algunos partidos demócrata-cristianos (v.).

      Duverger califica finalmente de tipos intermedios (ni de masas ni de cuadros) a los partidos indirectos y a los de países subdesarrollados. En los partidos indirectos (p. ej., el laborista británico en sus comienzos, 1900) los ciudadanos no se adhieren directamente al partido, sino sólo a través de otras organizaciones (sindicatos-mutuas, cooperativas, asociaciones intelectuales) que son verdaderos miembros colectivos del partido. Hoy el partido laborista británico tiene no sólo miembros colectivos, sino también individuales, constituyendo -según la terminología del profesor francés- una yuxtaposición de partido indirecto y partido de masas clásico. Respecto a los partidos de países subdesarrollados conviene señalar: a) la gran distancia social e intelectual existente entre los miembros de la élite directiva del partido y la inmensa mayoría de los adherentes. b) «El encuadramiento político moderno se superpone a tipos tradicionales de encuadramiento social» (pertenencia a tribus, religiones, sociedades secretas) sin suprimirlo, «al contrario, los transfigura a menudo, sacando de ellos su fuerza principal» (Duverger, Introduction á la politique, 1895). c) La gran importancia, a la hora de lograr la cohesión del partido, del liderazgo personal.

      Sistemas de partidos. Atendiendo al número de p. y las relaciones de prepotencia entre ellos, hablamos, siguiendo la terminología de Duverger, de diferentes sistemas de partidos. Así, podemos distinguir sistemas pluralistas de partidos y sistemas de partido único, entre los cuales el autor citado intercala los sistemas de partido dominante. Ciertamente, los límites entre los sistemas no son muy definidos y así un bipartidismo flexible (p. ej., sin disciplina de voto, como el de los EE. UU.) puede asemejarse a un multipartidismo moderado, y una práctica de alianzas en el multipartidismo puede hacernos creer que estamos en un bipartidismo.

      Como sistemas pluralistas de partidos podemos encontrarnos con el multipartidismo extremo (número muy elevado de partidos, como en la España republicana); el multipartidismo moderado (el sistema tripartito belga), y el sistema bipartidista, en el cual las dimensiones de los partidos pueden asegurar o imposibilitar la alternancia en el poder. Para Sartori, el bipartidismo es la solución más segura. «Por una parte, se beneficia del estímulo que ofrece el turno en el poder y la responsabilidad de la oposición»; por otra, «dificulta la ideologización de las posiciones e impide así la polarización del sistema» («Rev. de Estudios Políticos», 147-148, 62). En cambio, el multipartidismo extremo y centrífugo «es la más insegura y menos viable de las soluciones, ya que no se beneficia del estímulo de una oposición responsable y, por otra parte, se ve ampliamente paralizado por la inestabilidad del Gabinete, por la heterogeneidad de las coaliciones gubernamentales y por la presencia de partidos anti-sistema que sustituyen la competencia política por la «inflación irresponsable» (ib. 62).

      Duverger explica la existencia de bipartidismo o multipartidismo, atendiendo a tres series de factores: a) socioeconómicos; b) histórico-culturales, y c) de carácter técnico: el régimen electoral. La realidad socioeconómica que subyace en el bipartidismo del S. XIX es la de un conflicto entre aristocracia (partido conservador) y burguesía (partido liberal). El desarrollo industrial, al provocar la aparición del proletariado (v.), dio lugar a partidos socialistas y otros. El partido liberal oscilará entre adherirse a las nuevas fuerzas, agruparse al partido conservador para defenderse de ellas o permanecer como tercer camino ante la alternativa.

      Las peculiares condiciones culturales, políticas, étnicas o regionales de un país deben tenerse en cuenta a la hora de explicar su sistema político. Holanda, p. ej., ha visto aumentada la variedad de su espectro político por motivos religiosos (conservadores católicos, protestantes y cristiano-históricos). La peculiar historia política de Francia explica asimismo la triple división de los conservadores en la segunda mitad del S. XIX: legitimistas, orleanistas y bonapartistas.

      El régimen electoral (v. ELECCIONES) tiene asimismo su importancia en la configuración de un determinado sistema de partidos. Un cierto mecanismo electoral no genera automáticamente el sistema de partidos pretendido, pero sí parece frenar o impulsar en un determinado sentido. Sólo con estas matizaciones ha podido señalarse que: 1) el escrutinio mayoritario favorece el bipartidismo; 2) la representación proporcional tiende al multipartidismo; 3) el escrutinio mayoritario a dos vueltas tiende a un multipartidismo templado por las alianzas. Sin embargo, no hay que olvidar «que la influencia del régimen electoral es secundaria con relación a la de los factores socio-económicos e incluso a la de los factores culturales» (Duverger, Introduction á la politique, 200).

      Respecto al sistema de partido único, que se da, p. ej., en los regímenes comunistas y fascistas, señalemos que es instrumento idóneo de dictadura; se caracterizan por su estructura centralista y disciplinada, y por la rigidez ideológica. Además, existen ejemplos de partido único, como el partido Republicano del Pueblo de Turquía o la Unión Nacional portuguesa que de algún modo no pueden ser calificados ni como comunistas ni como fascistas respectivamente. Advirtamos, con S. Neumann, el cualquier caso, que «un sistema monopartidista (el «partido único») es una auténtica contradicción conceptual. Lo que hace de una organización política un auténtico partido es la coexistencia de, al menos, otro grupo competitivo».

      Importancia especial tienen las tendencias a la colaboración y el agrupamiento entre partidos de la misma ideología, aunque pertenecientes a diversos países. Las Internacionales de los partidos han tenido singular relieve en el campo socialista y comunista. Como dice S. Neumann, «Las Internacionales de todos los colores han basado su estrategia en la esperanza de que se producirá una conducta clasista por encima de las fronteras nacionales» (o. c., 628).

      Un aspecto que no se puede olvidar del p. p. lo constituye su tendencia oligárquica (v. OLIGARQUÍA) que es un reto planteado a la teoría y la praxis políticas para conseguir la superación democrática de esa nefasta tendencia. Robert Michels formuló en 1911 el problema en su famosa «ley de hierro de la oligarquía» (v. OLIGARQUÍA II): «La organización es la que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización dice «oligarquía» (Los partidos políticos, 13). Lipset comenta así este párrafo: «El hombre moderno, según Michels, se enfrenta con un dilema sin solución: no puede tener grandes instituciones, tales como Estados nacionales, gremios, partidos políticos, etc., sin ceder el poder efectivo de los pocos que ocupan los cargos superiores de esas instituciones». Por ello tienen gran importancia cuantos esfuerzos se hagan por asegurar dentro del partido la democracia (v.). Debe permitirse a todos los afiliados la participación en la configuración de la voluntad de la organización: participación a todos los niveles e instrumentada en debate público. La base ha de tener, asimismo, control efectivo sobre la información y las fuentes de ingreso del partido.

      Por otra parte, «los dirigentes y cuadros del partido deben de ser sometidos al control de los militantes, los cuales deben de tener el derecho de revocarlos en todo momento» (Franz Neumann, en Abendroth y Lenk, o. c. en bibl., 268).

 
 

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Maurice Duverger - (Angulema, 1917) Sociólogo y politicólogo francés. Profesor desde 1955 en la Sorbona, director de la división de ciencia política de la universidad de París-I hasta 1975 y director, junto con G. Duby y E. Leroy-Ladurie, del centro de análisis comparativos de los sistemas políticos. Ha prolongado su labor docente con una abundante producción escrita dedicada al estudio sociológico de los fenómenos políticos: Les partis politiques (1951), De la dictadure (1961), Introduction à la politique (1964), Méthodes de Sciences sociales (1961), De Fanus: les deux faces de l'Occident (1972), que es un análisis de la crisis de las sociedades industriales occidentales, y L'autre côté des choses (1977), autobiográfica. En tre sus últimos títulos cabe citar La liebre liberal y la tortuga europea (1992), Europa de los hombres (1995), Métodos de las ciencias sociales (1996) e Introducción a la política (1997).


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lunes, 10 de enero de 2011

María Elena Walsh

Se fue una parte de mi infancia con ella.
Pero me quedan, nos quedan a todos, sus maravillosas canciones.

Para sonreír mucho...
'El brujito de Gulubú'


Para pensar y aprender...
'El reino del revés'


Y también para emocionarse y llorar un poco...
'Serenata para la tierra de uno'


Sin dejar de lado sus convicciones...
'Como la cigarra'

miércoles, 5 de enero de 2011

Para enfriar un poco

Navidad con nieve en New Jersey


Mi amiga Viv me envió estas fotos para darme un poco de envidia.



Así nevava el 25 de diciembre en New Jersey. ¡Pensar que por el sur nos cocinamos con casi 40º de sensación térmica!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Al pan pan y al vino vino

Este tema de los inmigrantes y las usurpaciones de tierras públicas me tiene bastante cansada.

Me hace preguntarme y recordar cómo fue cuando llegaron los primeros inmigrantes a fines del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX.
No creo que en ningún caso esas gentes, también humildes, también trabajadoras, también buscando un futuro y un lugar en el mundo, hayan ocupado por la fuerza ningún terreno, ni mucho menos terrenos públicos (que precisamente por ser públicos son de todos).

Ahora bien. Hoy en día hay gente que está reclamando que les den un terreno, una vivienda. Y hay gente que está tomando por su cuenta terrenos en lugares que son públicos, terrenos fiscales de la Nación o de la Ciudad de Buenos Aires. Y parece que la mayoría de esas personas son inmigrantes.

Si se les ofreciera tierras en Catamarca, en La Pampa, en La Rioja ¿Las aceptarían? ¿Irían esas familias a vivir allí?
No lo creo.

Están en Buenos Aires porque aquí es donde encuentran trabajo en el área de servicios (sobre todo) y en otras actividades que por cierto no requieren una mano de obra muy calificada. Y porque en Buenos Aires pueden contar con un sistema de salud y de educación al alcance de la mano y de bastante buena calidad.
No entiendo porqué hacen los reclamos que hacen a las autoridades argentinas y no los hacen a las autoridades de sus respectivos países.
Es cierto que el gobierno, sea el nacional o el provincial o el de la Ciudad de Buenos Aires, tiene la obligación de determinar y ejecutar políticas que permitan que las personas tengan una vivienda justa.
Pero me pregunto qué es lo que les da derecho a estas personas para que se les dé lo que piden así porque sí, cuando a mis viejos, y a mis abuelos, que no estaban en mejores condiciones, nadie les regaló nada; cuando a mí nadie me regala nada ni me ha regalado nada jamás.
Obviamente que estoy de acuerdo con que todos merecen tener una vivienda digna, pero de ninguna manera voy a aceptar que usurpen, que tomen por la fuerza lo que es de otros o lo que es de todos.
La ley debe aplicarse de igual manera para todos y si se es extranjero no me parece lógico que se pretenda tener más derechos que los propios ciudadanos nativos.

Tal vez se me acuse de xenofobia. No, nada más lejos de la realidad. Por favor llamemos a las cosas por su nombre. Al pan pan y al vino vino.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Una síntesis necesaria







"Hay al menos dos formas de dimensionar el aporte de este gran dirigente a nuestra historia. La primera es a través del repaso de la etapa inaugurada el 25 de mayo de 2003, que puso fin al reinado del paradigma neoliberal, cuando asumió la Presidencia de la Nación luego de la crisis económica, social, política e institucional. Desde entonces, con los pliegues e imperfecciones de cualquier proceso transformador, la agenda instalada por Kirchner fue rupturista, rompió el molde y puso a Argentina de cara a un horizonte de mayor igualdad y justicia.






Sin pretender abarcar todas las características de esta etapa, y soslayando adrede las observaciones que hicimos en diversas ocasiones, no tengo dudas de que Kirchner entra en las páginas importantes de nuestra historia, entre otros aspectos, por la política de derechos humanos, de recuperación de la memoria colectiva y de juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado; por el impulso a la integración regional desde una perspectiva latinoamericana y popular, poniendo el acento tanto en las posibilidades de crecimiento equitativo de las naciones del Cono Sur como en los valores de solidaridad, de afianzamiento cultural, de justicia social y de defensa de la soberanía de los pueblos; por la integración de la Corte Suprema con jueces de reconocida trayectoria, capacidad e independencia, electos con procedimientos absolutamente transparentes; por el cierre de una era de intervención promiscua y perjudicial de los organismos financieros internacionales sobre las políticas económicas de la Nación, mediante la generación de equilibrio fiscal sin ajuste y a través de acciones de desendeudamiento; por la estatización y la extensión del sistema jubilatorio a casi dos millones y medio de personas más y el establecimiento de un mecanismo de actualización semestral; por la vuelta del Consejo del Salario y la apertura de paritarias para fijar los haberes de los trabajadores y trabajadoras; por la implementación de la asignación que incorpora a millones de niños y niñas como sujetos de un derecho que sólo alcanzaba a los hijos e hijas de trabajadores en blanco; por el desarrollo de obra pública en salud, educación, caminos e infraestructura de servicios en territorios históricamente postergados, incluyendo una política de urbanización de villas y barrios donde residen familias de escasos ingresos; y, sin dudas, por la democratización de la palabra, a través del impulso de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que vino a saldar una deuda histórica arrastrada desde principios de la dictadura militar y que había derivado en la consolidación de poderosos multimedios informativos y el cercenamiento de la libertad de cientos de miles de opiniones. Estas y muchas otras medidas que se impulsaron desde 2003 dan cuenta del inicio de una etapa histórica cuyas contradicciones no opacan la evidente voluntad de Néstor Kirchner por orientar el país en un nuevo camino, enfrentando las políticas neoliberales que durante décadas hundieron a Argentina y la región en la más profunda desigualdad.

La otra forma en la que, creo, se puede dimensionar el aporte de Kirchner y su ingreso en las páginas más importantes de nuestra historia es en los rostros de quienes expresaron su dolor durante esta última semana, de los miles y miles que caminaron durante horas para pasar unos minutos frente al féretro a darle el último adiós a Néstor y alentar a Cristina; de los muchos y las muchas que salieron a la calle, que se juntaron en Plaza de Mayo y en decenas de espacios públicos de todo el país; en quienes formaron verdaderos ríos de amor y lágrimas junto al recorrido que hizo el cortejo hasta su destino último en Santa Cruz. En el llanto de las mujeres, de los niños, de los jóvenes, de los trabajadores, de los estudiantes; en la angustia plural y masiva que estalló ante la noticia o en el canto y el compromiso solidario de cientos de miles que intentaron abrazar a la presidenta de la Nación en este momento difícil.

Kirchner fue un dirigente que marcó un rumbo distinto en nuestro país, que hizo mucho por recuperar el valor de la política, que se esforzó en correr el límite de lo posible. Fue un gran hombre y un político que va a ser recordado por su militancia, por su compromiso, por su voluntad transformadora. Un dirigente que con enorme coraje y valentía puso el cuerpo hasta sus últimos días luchando por un país más justo y solidario."

(Escrito por el Diputado Nacional Martín Sabbatella, presidente del bloque Nuevo Encuentro, para el diario Página 12 - 1 de noviembre de 2011)






(Imágenes tomadas de diversas fuentes periodísticas)

miércoles, 27 de octubre de 2010

Una gran pérdida


No puedo evitar escribir sobre la muerte del ex-presidente Néstor Kirschner.
Aunque no estuve de acuerdo con algunas de sus actitudes, sí estuve, y estoy, muy de acuerdo con muchas cosas que hizo durante su gobierno y por la forma incondicional y apasionada en que defendió sus ideas, que en mi interior, siento que son iguales a las mías.



Y porque lo escucho a Bergoglio oficiando una misa que me parece un insulto. Porque, al igual que Balbín en ocasión de la muerte de Perón, no se dignó una sola vez a mencionar el nombre completo de Néstor Kirschner. Tan solo una vez apenas dijo 'este hombre Néstor'. Por lo demás siempre se refirió al 'muerto', al 'hombre', y nada más. En alguna ocasión lo llamó el 'ungido', no para elogiarlo, sino más bien para recordarles a todos, como un reproche, que había sido elegido por voluntad popular - (no pude evitar una inferencia a la idea subyacente: no se olviden que lo votaron, así que a aguantarse). En fin.
Tal vez lo requería el protocolo, pero me pareció horrible que hicieran la misa cuando todavía la Presidenta no había llegado a Buenos Aires.

A todos los buitres que andan por ahí, aclarando que 'hoy hay que ser respetuosos' (Hoy. Mañana le clavamos un puñal), me gustaría que les llegaran mis palabras - aunque sé que es difícil - pero me gustaría que supieran que Cristina no es Evita, y Cristina no es Isabelita. Cristina es Cristina. Con toda su fuerza, con toda su personalidad. Y aunque no esté Néstor Kirschner a su lado, tengo confianza en que va a sobrellevar su dolor de esposa, para seguir conduciendo el país inquebrantable y firme. Si antes la apoyaba, ahora la apoyo más.

Se viene un año complejo, agitado, pero yo estoy con Cristina.